Una mañana acudí a tomar café a un establecimiento en la 8a avenida en Manhattan, Nueva York, muy cercano a mi hotel, cuyas vitrinas -al estilo neoyorkino- están orientadas al disfrute del bullicioso tráfico automovilístico y de las oleadas humanas de transeúntes que se desplazan por las banquetas de la espectacular ciudad.
Al observar el singular espectáculo callejero, me percate que en la acera de enfrente se desarrollaba una conversación, en apariencia amistosa, entre un policía de la ciudad y un fornido hombre afroamericano de mal aspecto ,de unos 10 minutos de duración, que termino al alejarse el oficial.
A los 20 minutos termine mi bebida y cruce la avenida percatándome que el gigantesco afroamericano continuaba en el mismo punto recargado en una pared, quien para mi sorpresa, al pasar frente a el, me pregunto que si quería drogas, informándome que tenia de todo. Respondiéndole que no, alejándome de inmediato un poco temeroso.
Este tipo de hechos invitan a pensar en la obviedad de actos de corrupción, contubernios y cohechos de autoridades norteamericanas con el narcotráfico, percepción que se intensifica ante la incipiente o nula captura en ese país de importantes capos norteamericanos, corroborándose a toda luces la multicitada frase que en este combate ,los muertos los pone México y yo agregaría que la mayoría de los prisioneros también al igual que la debacle financiera y económica derivada de la inseguridad y de los múltiples eventos de violencia cotidianos en nuestro vapuleado país.
sábado, 25 de diciembre de 2010
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