Encontrándome el Miércoles pasado muy temprano en el área de
laboratorio del IMSS en Cuernavaca ,haciendo fila esperando
mi turno para la toma de una muestra, apareció,- como es frecuente que lleguen
a esa área personas solicitando ayuda- - un hombre de unos 45 años,
externando suplicante de manera dramática y sin poder contener las lagrimas que
su esposa había fallecido en el hospital a consecuencia de un accidente automovilístico
que sufrieron horas antes por la madrugada y que necesitaba reunir
2000 pesos para pagar los gastos generados en el nosocomio ya que no eran derechohabientes
de la institución, explicando que provenían de Acapulco en transito rumbo a su
hogar en el estado de México, por lo que en Cuernavaca no tenían familiares ni
conocidos a quien acudir.
Como respuesta recibió de manera inmediata donativos de diversas
cantidades de personas trastocadas por la tragedia, que estoy seguro, muchos de
ellos, los efectuaban con verdadero sacrificio. Calculé que en 15
minutos-considerando el tiempo su exposición y colecta- el doliente recaudo
unos $ 800.00 pesos. Instantes después una señora que acude con regularidad al
laboratorio lo reconoció increpándolo casi a gritos reclamándole su
falsedad ya que 10 días antes con el mismísimo argumento, drama y lagrimas había
sorprendido a otro nutrido grupo de pacientes. La actitud del
"histrión" fue de total asentimiento y sumisión, aceptando
con voz casi inaudible la fuerte reprimenda seguramente temiendo
una reacción de ira colectiva por parte de los sorprendidos quienes únicamente
lo observaban. Acto seguido, se retiro paulatinamente y cabizbajo.
Lo triste del caso es que las consecuencias derivadas de este tipo
de actos engañosos, como siempre sucede, la pagan justos por pecadores,
ya que las personas que verdaderamente llegan a tener necesidades apremiantes
reales, son por lo general ignoradas.