Declaremos otra guerra, un combate franco, directo y abierto a la corrupción, origen y verdadera casusa de los gravísimos flagelos que azotan a México, tumor que no se extirpa por la corrupción misma, por proteger intereses bastardos de unos cuantos, implicando el sacrificio de toda una nación sumida en una economía empantanada y en una múltiple problemática severa y evitable como efecto de ese gran tumor diseminado a lo largo y ancho del territorio nacional, desgraciadamente tan enquistado que se llega a percibir trágicamente con la "naturalidad" de lo cotidiano.
Se dice que no hay peores criminales que los corruptos, concepto realista, ya que pueden constituirse en criminales de masas,-sin utilizar arma alguna- con las consecuencias de su actuar, como el hambre, la pobreza, la ignorancia y el subdesarrollo de los países afectados.
Sustituyamos la guerra actual sin sentido y paralizante, efecto directo de la deshonestidad y canalicemos esos monumentales recursos invertidos en ella al desarrollo de México y el esfuerzo de los mexicanos a un genuino combate a la corrupción, que de realizarse, se generaría un cambio favorable y sorprendente en el muy corto plazo.
domingo, 10 de abril de 2011
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