En el pasado reciente, antes de la debacle actual generada por la violencia que azota con crueldad y exacerbada brutalidad a monterrey y al estado de nuevo león, se critico severamente a algunos regiomontanos por externar el sentimiento de anexarse a los estados unidos, quienes manifestaban su vehemente deseo,-no obstante que eran épocas de paz y tranquilidad social además de un importantísimo y envidiable auge industrial y comercial- con cierto toque de comicidad fantasiosa de que el rio bravo desviara su curso y generara una nueva frontera ,por supuesto, con la idea de quedar integrados al vecino país del norte, idea que fue considerada como traición a la patria por lo que algunos sectores los llegaron a clasificar de apátridas.
El argumento principal que esgrimían aquellos regios-al parecer con facultades de videntes por percibir un futuro cercano tortuoso- para tan radical posición ,consistía en cuestionarse el beneficio de permanecer integrados a una nación carente de estabilidad dada la prevalencia de la corrupción, impunidad, desorden, abuso de autoridad, pésima calidad educativa y otros muchos factores negativos que impedían, aun en esa época, salir del fango del sub desarrollo, cuando en realidad las prioridades principales de los seres humanos de cualquier latitud son de las de satisfacer sus necesidades de alimentación, seguridad hasta la autorrealización individual y familiar en un ambiente de paz y concordia ,que en un plano realista en tiempo presente, hemos perdido todos los mexicanos.
La incógnita a despejar es si aquellos ciudadanos que sostenían esa idea y que fueron tildados de pécoras vende patrias habrían tenido razón al darle mayor peso especifico al bienestar de una comunidad que al sostenimiento de una soberanía viciada generadora de altos niveles de insatisfacción para la gran mayoría de la población.
lunes, 26 de septiembre de 2011
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