En México suceden cosas inverosímiles que no creo que se repitan en otros países y culturas. He tenido experiencias únicas en diversas regiones que con mucho, rebasan la frontera de lo usual, de la "normalidad" y en ocasiones hasta de la ética, hechos que me han provocado sentimientos encontrados de ira, indignación, e hilaridad como las que a continuación relato:
1.- Aborde un autobús en una ciudad norteña rumbo a la capital del país cuyo chofer al salir dela terminal, en lugar de tomar la carretera hacia nuestro destino, se dirigió plácidamente a su domicilio a despedirse de su esposa quien le preparo un termo de café, demorando 45 minutos!! A los pasajeros que colmábamos el autobús con su emotiva despedida que culmino con un beso.
2.- En un aeropuerto abierto de un puerto del pacifico mexicano -donde se ven los aparatos en plataforma y se escuchan sus motores- un piloto, supongo, muy molesto por alguna razón, le mentó la madre, probablemente a un destinatario de la torre de control acelerando las clásicas 5 veces las turbinas, exactamente igual como los microbuseros en cualquier ciudad de México.
3.- De viaje por carretera en los limites de Jalisco y zacatecas me toco ver un singular pleito a sombrerazos-sombreros estilo charro de gran dureza a la usanza de la región-cuyos contendientes con las caras enrojecidas y ensangrentadas por los fuertísimos golpes y rozones continuaban su combate apegados a la regla de no meter la otra mano, misma que tenia que conservarse inmóvil en la cintura y prohibiendo también la utilización las extremidades inferiores.
4.- Por las carreteras en todas las latitudes del país, seguramente nos a tocado a muchos de nosotros la experiencia de ver el bochornoso espectáculo de borrachos orinando orientados hacia el flujo de los vehículos, muchos repletos de familias sin que por supuesto, ninguna autoridad los coaccione.
Una interminable lista con este tipo de eventos que me han tocado ver, disfrutar y deplorar vienen a formar parte, aceptémoslo o no, del folklore y paisaje mexicano.
viernes, 20 de enero de 2012
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