No tengo en mi memoria el recuerdo infantil de haber soñado
-como millones de niños en el mundo - de convertirme en bombero. En cambio, en
la edad adulta mi percepción de los bomberos es de considerarlos por sus
actos verdaderos héroes. Razones sobran: día con día salvan vidas arriesgando
lo más preciado que poseen, su propia existencia..
Ejemplos de su heroísmo
hay millones. Cada segundo en todo el orbe con su gran valentía y
altruista labor rescatan y salvan seres humanos y hasta animales de
diversos peligros: extinguen incendios y conflagraciones de todas magnitudes, interviniendo
inclusive en situaciones en cuerpos de agua al igual que bajo tierra, en las
montañas y en cualquier requerimiento de auxilio, a donde acuden sin
reparo..
En México, pese a
sus carencias y deficiencias en equipos, herramientas, cisternas y
otros implementos indispensables para su delicada actividad, se desempeñan con
temeridad con el noble objetivo de salvar vidas y bienes materiales. Conservo
el recuerdo imborrable de un bombero saliendo por la puerta de una humilde
vivienda en llamas en un barrio de Monclova, abrazando para sacar del inmueble
un tanque de gas cilíndrico al rojo vivo para evitar su estallamiento cuando
aun se encontraba un niño en el interior.
Por todas estas
razones para los cuerpos de bomberos, en
especial de nuestro país, los mexicanos les debemos una gran admiración, respeto
y gratitud..
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