Me
impacto la noticia que difundió el domingo pasado un medio impreso
de circulación nacional en la que informa que se una gran comunidad
menonita del estado de chihuahua integrada por 90,000 individuos
abandonara México, país que les dio cobijo desde hace décadas y que en
reciprocidad han trabajado con ahincó, responsabilidad y productividad las
tierras que les asignaron. Han demostrando su excelencia como agricultores y
ganaderos, siempre enfocados con gran éxito al sector primario y a la agroindustria,
desempeñandose como obradores (productores de embutidos), fabricantes de
quesos a gran escala y otras actividades relacionadas. Comunidad que con
su titánico esfuerzo han convertido yermos en vergeles, impulsando el
desarrollo económico de México y de los estados donde se han asentado,
especialmente en chihuahua donde se han distinguido por su extraordinaria
labor.
El
informe indica que emigraran a Rusia, -en tierras tártaras- donde están en pláticas
avanzadas con sus autoridades quienes les ofrecen conseguirles buenas
tierras, agua y energía eléctrica a bajo costo con tal de detonar el desarrollo
de basta región de ese país.
Arguyen
como una de las razones principales para emigrar la larga sequia que flagela a
sus comunidades que les afecta de manera dramática por la actividad que
desempeñan.
Para los que
hemos nacido y vivido en entidades norteñas como Chihuahua, Durango, Coahuila y
Zacatecas donde ellos han sido parte del paisaje urbano y rural, que
inclusive hemos convivido de alguna manera con ellos, su ausencia será
triste y dolorosa.
En lo
personal considero que existen otras razones no expuestas y de mayor peso
como la seguridad, que lleve a tomar una decisión de tal
envergadura a toda una comunidad, tan numerosa, para migrar al otro lado
del mundo.
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