Hace tres o cuatro décadas
el perfil de los políticos de antaño distaba leguas del que caracteriza
a los de la actualidad. Muchos de ellos eran caciques y analfabetas. La mayoría
alejados años luz de la cultura, ensombrerados a la usanza y hasta
empistolados. generalmente surgidos de entornos socioeconómicos bajos,
contrastantes con los actuales que desempeñan cargos de alta
responsabilidad en las diferentes entidades gubernamentales, generalmente
emanados de las clase media y alta ,muchos de ellos con estudios
superiores y postgrados obtenidos en universidades de elite, tanto
nacionales como extranjeras.
Al integrarse en
política y en la gestión gubernamental empresarios con solvencia económica
suficiente para garantizar la solidez financiera para si y para varias
generaciones de sus descendientes, así como individuos con grados académicos
de excelencia, me esperance en que su incursión podría significar una solución
definitiva para la problemática de México -muy distante en ese entonces
de la debacle actual del país -considerando ,que dada su estabilidad económica
y su nacimiento en una supuesta "buena cuna”, su interés por la nación
seria genuino y desinteresado.
La esperanza se frustro por
que para la mayoría de ellos su objetivo era y sigue siendo el de
proteger sus intereses y magnificar sus negocios, olvidándose por su ambición,-en
nombre, abanderados y justificados por "el sistema"-, del interés
nacional, con las consecuencias catastróficas que experimentamos.
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