Nada tiene que ver la teoría establecida
por el naturalista ingles charles Darwin,- quien explica la desaparición
de algunas especies por la acción continuada del tiempo y del medio, de
determinadas especies animales o vegetales y su sustitución por otras
mejor adaptadas, es decir ,que los mas débiles desaparecen por selección
natural,-con los millones de victimas mortales e incapacitados producidos
por los accidentes automovilísticos en el mundo, entre otros factores por
la potencia y velocidad que desarrollan innecesariamente
automotores construidos con esas características , con fines de comercialización.
En la mayoría de los países existen
leyes que limitan la velocidad de conducción permitida, no dejándola al libre
albedrio de los ciudadanos, precisamente con la finalidad de evitar siniestros
de todas magnitudes protagonizados por la población en general, pero
principalmente por adolecentes y jóvenes que por su temeridad
tienden a violar con mayor facilidad las normas de transito, truncando
sus vidas de las de terceros.
Trágicamente en México perecen
anualmente aproximadamente 40,000 personas, victimas de accidentes de
transito tanto en ciudades y como en la red carretera, siniestros-muchos
evitables- que producen además de las tragedias, heridos, incapacitados
permanentes y en el mejor de los casos temporales, así como daños materiales de
dimensiones estratosféricas.
Dada la magnitud de las consecuencias es
imprescindible legislar a nivel nacional e internacional para
obligar a las armadoras de automóviles para que en la fabricación de
nuevas unidades se les impida el desarrollo de velocidades
vertiginosas letales e innecesarias que nada tienen que ver con su uso común,
cotidiano y responsable.
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